El movimiento estudiantil es un movimiento ficticio digamos un imaginario, en donde unos juegan a dirigir, a concentrar, a convocar y aunar al resto de estudiantes en torno a ciertas ideas para luego hacerlos caer en los petitorios clásicos, que carecen de conversaciones profundas o al menos extendidas, o digámoslo, de conversaciones respecto al trasfondo de porqué organizarse y porqué pedir y pedir. El movimiento estudiantil sirve para fuerzas políticas que llevan varios años jugando al tira y afloja con el Estado, con el fin de ganarse un espacio en el gran sillón presidencial o en alguna de las cámaras. Fuerzas políticas como el partido comunista y el partido socialista (con sus subdivisiones y brazos más difusos). Les llamo fuerzas políticas en tanto son todo un entramado de relaciones jerárquicas de poder extendida por varios años, y que todavía no se aburren de lograr su cometido, por tanto son instituciones ya, tan rancias e inservibles como el mismo Estado que tanto añoran. Les llamo fuerzas por esa porfía a no querer rendirse y a seguir vendiéndose y arrendándose a las leyes mercantiles incluso para caer bien, para mostrarse fuertes y mostrarse como vanguardia. Les llamo políticas, entendiendo política como eso que emana del Estado, eso que emana fetidez desde el Estado y que es lo que quieren que creamos que es la política para que no nos interese y para que no dudemos de su misión iluminada para con nosotros, el resto de estudiantes, ignorantes, alienados, que no pensamos, que solo queremos lucrar, y mientras somos cochinos, ebrios, drogos y apolíticos.
Por eso nos falta vanguardia, nos falta quien nos dirija y quienes más que los santos de la izquierda para llevarnos de la mano a las grandes alamedas abiertas donde espera el hombre libre. Porque a la mujer la quieren en la casa.
El movimiento estudiantil es un movimiento servil que acepta, que acata las divisiones del sistema, en estudiantes secundarios y universitarios, los universitarios elite de los estudiantes se organizan a aparte de los pingüinos, que son revoltosos y poco claros en sus ideas. Y los universitarios se organizan en base a lo que la universidad que no le pertenece ni le ha pertenecido nunca le dicta: con tales fondos, de tal forma, con voceros o con dirigentes no importa, con representantes siempre, que sean pocos, más manejables, más proclives a lucrar, a mentirse y a no ejercer la asamblea (esa otra politica que de deveras temen), sino a traer grandes conferencistas que vuelven más atractivo el negocio de rectoría en vez de acrecentar el debate y la conciencia del rebaño estudiantil.
Y que se sigan y persigan entre ellos, que se peleen, si el presidente de federación es autoritario y matón, mejor para la rectoría, se ahorran cuanto con dirigentes corruptos, que corrompen las bases, con peñas y alcohol para todos. Y qué tanto con las vanguardias emergentes ¡que asuman también! total que con 15 millones de sueldo demás que se dan vuelta, como ya lo han hecho antes.
Y qué queda para el resto, pues si no son capaces ni de recuperar las asambleas, única herramienta que alguna vez han tenido, pues negocio redondo para el rector y sus amigos y enemigos; unos hacen escuela política, otros cortan la cola, otros se juran vanguardia y eso les justifica la juventud, otros siguen trayendo viejos añejos a hablar de que no hay democracia y si injusticias, otros siguen tomando, otros siguen estudiando, otros siguen caminando, escribiendo, reclamando, pidiendo, mintiéndose, drogándose, perdiéndose, regalándose a los pacos, consumiéndose, etc.
Ven que hay libertad para todos (nos susurra Arturo Prat desde lo alto de su barca vencida)... sobre todo libertad para el gran negocio, la universidad, que tiene libertad para crecer (¿y sin resistencia?).


