jueves 16 de agosto de 2007

notas sobre política universitaria



¿Qué diablos es la acreditación?... casi no dan ganas ni de escribir sobre ella, vaya pérdida de tiempo. La cosa es más o menos así: A unos tipos se les ocurre hacer comisiones y ponerse a acreditar un montón de negocios, ¿bajo qué normas y valores, escalas y mediciones?, pues, los que a ellos les interesa nada más, no les interesa si el producto es bueno o malo y menos si los usuarios del producto les gusta o no el asunto, el caso es que estos tipos con poder, con influencias y lo más importante con harto tiempo para inventar estupideces, van por ahí acreditando negocios.

Sabemos ya que los negocios que aun no son cien por ciento privados los quieren hacer tambalear para terminar privatizándolos completamente, por eso hacen este circo, para hacerlos tambalear, y al circo le ponen una nueva promesa como nombre y bandera, la promesa de la calidad, así no se ve feo que quieran privatizar más derechos y engordar con ello sus bolsillos.

El caso es el siguiente, los negocios no acreditados, o sea que no forman parte del nuevo cartel, mercado o grupito de los negocios que pueden seguir lucrando de la ignorancia de la gente, pues claro está, quieren acreditar. No vamos a decir por qué, pues cae de cajón. Lo triste es que los usuarios de estos negocios que obstinadamente por años niegan que sean negocios y defienden el derecho a estudiar gratis, ahora han entrado en el jueguito de los tipos con poder, plata y tiempo, y se han organizado para exigir la acreditación de los negocios en que se endeudan año a año.

¿Por qué? Pues porque ellos reclaman y exigen calidad, sin embargo confunden, y esa es la idea de los únicos que ganan con esto, calidad con acreditación. Así como se ha confundido bienestar con desarrollo, y todas las cosas buenas y sanas que nos faltan con progreso, ley, nación, patria, fe, partido, modernidad, etc, etc, etc, etc.

Y de toda esta rancia confusión algunos salen beneficiados, claro que los estudiantes no, al menos no todos, porque los que se contentan con ser federación, con vivir una agitada etapa universitaria, juntar futuras y emocionantes anécdotas para cuando les asfixie el trabajo, etc. Sí. Si se benefician en su poquita cuota que los tipos que planean todo esto, dejan siempre ahí para que no les reclamen, ni le estallen nada de sus negocios y ricas vidas.

A estos tipos malos se les puede hacer frente en todo caso, y está bien, porque esa es la idea. Si quieren explotar, pues que exploten. Pero la pólvora social se prepara todos los días no solo en determinadas fechas rojas del calendario o cuando se acercan las elecciones (de rectoría y federación por ejemplo), y la mecha de la solidaridad no es una linda palabrita para discursear alrededor de una botella de vino o en momentos de efervescencia que no son tan casuales como aparentan. La chispa que encienda la mecha no son solo lienzos más o menos incendiarios, y la llama de la revolución no la llevan partidos ni actos heroicos. Las dirigencias y las luchas mediocres por cuotas mínimas de poder no son, y la historia es quien habla, las piernas de ningún paso sustancial hacia una sociedad más justa e igualitaria.

Así como los tipos malos, que les sobra, poder, tiempo y plata; los señores autoridades universitarias, no olvidan el meditar y pensar antes de actuar. Los usuarios, alumnos o mejor dicho, estudiantes, deberíamos hacer lo mismo. Si la idea es boicotear la universidad, vale, vamos todos para allá, pero que eso no sea un disfraz de algo que va a terminar boicoteándonos a nosotros mismos y haciendo generar más ganancias a quienes nos joden y explotan todos los días.

Y no solo nos joden a nosotros, quienes ponemos la plata, también explotan y humillan a los funcionarios, les obligan a renunciar para no pagarles los años de servicio y pasar a subcontratación todo los servicios paralelos del negocio de la educación. Pero entonces la solidaridad y efervescencia social los estudiantes las dejan en cualquier parte. Los momentos de explosión no los ponen quienes nos ven como mercancía acreditable o no acreditable, es decir transable en un mercado, sino nosotros, que no somos mercancía y debiéramos permanecer firmes ante esta idea. No solo como idea, que se ve bonita dicha y escrita, más que eso, como idea vuelta acción, revuelta, solidaridad y compromiso.

No para con quienes viven a costa de nuestras deudas, sino para con quienes son los únicas personas que realmente trabajan en las universidades, y que son los que ponen el hombro, es decir, los funcionarios, que hacen los mandados, el aseo y otras tareas por sueldos míseros y en condiciones harto rancias (o precarias como dicen ahora) de trabajo, que no tienen derecho a comer en el casino como personas ni a contratos de trabajo, menos a un clima laboral estable y con un trato digno. Son explotados día a día, y los estudiantes grandes habladores de la explotación ajena no los ven a pesar de cruzarse a diario con ellos.

Nuestro reclamo no es para ampliar el negocio del rector que sea, del director que sea o del jefe de carrera que sea, (que siempre se repiten) sino para tener mejores condiciones de vida y estudio, y tenemos hartos cientos de manos para poder hacer cumplir nuestras exigencias. Y también para apoyar a quienes bajo el mismo techo universitario necesitan una mano que les ayude a mejorar sus condiciones de trabajo.

Que no vengan heraldos cuenteros a candidatearse a rector y a prometerse buenos sueldos, ni que sigan merinos pinochekes viviendo a costa de otros, sin trabajarle un día a nadie. Tampoco que sigan los menzos amorales jugando a la política para robar por debajo y hacerse de pantalla para futuras carreras politiquillas, mientras que Juanito sigue Jugando con CaCa haciéndole la pega a sus socios abSurdos.
No nos sigamos engañando. La acreditación es un fraude, no somos mercancía en el juego de la privatización de nuestros derechos. Lo que debemos defender es nuestra propuesta, vivir mejor en una sociedad que construyamos nosotrxs mismxs, no vivir mejor dentro de los márgenes que algunos pocos quieren porque les conviene solo a ellos.

domingo 12 de agosto de 2007

Apuntes sobre la democracia




El sueño de una madrugada es como la indeferencia del día, donde se puede oler la mierda y nadie es capaz de quitarsela de sus zapatos, prefiriendo seguir caminando y viviendo así, trascendiendo fetidez, contaminando todos los ambientes y superficies con ese pesado hedor de la caca al mediodía. Y las moscas espantan a las nubes y van cubriendo todo de negro y su zumbido molesto va llenando todos los espacios posibles o no del pensamiento. O sea que no se puede pensar en otra cosa salvo en respirar el olor a mierda. Cualquier otra funcionalidad del cuerpo humano se atrofia producto del embriagante aire brumoso que impera en la atmósfera.

Pero más molesto que la maldita pestilencia es la indiferencia que tienen tantos y tantas de no querer sacarse los zapatos y limpiárselos, cómo si les costara mucho o cómo si fuera la peor opción, peor a seguir soportando la mierda.

Así es la democracia, no es algo que necesariamente nos impida seguir caminando, al menos a la mayoría no parece importarle todas las pifias que tiene el modelito o aún más los vestigios de tiempos oscuros que mantiene incluso en sus cimientos. Será porque el olor a mierda no le es a todos molesto que nadie se atreva a limpiarse los zapatos o será porque 17 años de la peor mierda de todas nos acostumbraron a tan repugnante ambiente. Como sea el caso es que la democracia es un sistema de vigilancia más, que reprime con la misma fuerza que una dictadura, más asolapadamente sí, pero la fuerza la mantienen. Es un instrumento para la legitimación de unos sobre otros muchos.

El sueño de una madrugada en que uno sabe que si se queda dormido no podrá levantarse para sus obligaciones del día, y en que si sigue despierto cumplirá con éstas pero a costa de su estabilidad física y mental. Toda la complejidad de esta simple acción, es una minúscula línea al lado del enmarañado de líneas que hay que unir y deformar para que la mierda sea sacada de los zapatos de tantxs por esos mismxs tantxs.