En el pueblo de la nunca y despreciada inamibilidad, partió una división de la cual aun existen secuelas, el pueblo se encontraba colapsado por la vertientes poéticas que llegaban de los países modernos que lo rodeaban y que envidiaban su organización netamente comunitaria. La constante poesía enloquecía a la gente con sus abstracciones sobre lo bien que viven en la poética discursiva, los poetas empezaron a aumentar la distorsión de los pilares de su convivencia (comunidad y autonomía), los cuales parecían como única narración coherente en los tiempos de hambre, muertes y miedo; que comúnmente azotan la existencia humana .
Como era común una pobladora acomplejada por este suceso convocó a sus compañeros y compañeras al “bosque de la ecuanimidad” tod@s dejaron sus que hacerse y se arrimaban ha escuchar y opinar desde la ladera de la montaña. Hasta del mar llegaban personas interesadas en participar de la toma de decisiones:
- compañeros, compañeras fíjense que dicen que somos parte de un nación la cual nos dará muchos beneficios como hospitales, escuelas, algo en que creer y derrochar nuestras esperanzas. (Indignada) …Yo pienso que solo traerá hambre, frustración y miedo y es que paisanos, paisanas ¿necesitamos hospitales en una tierra donde las enfermedades casi no existen y donde los compas doctores prestan ayuda por convencimiento y no por dinero?, ¿necesitamos que alguien eduque a nuestros hijos e hijas y le enseñe lo que es lo socialmente correcto?, lo social para mi es lo que decide esta comunidad, no un señor o señora frente a nuestra niñez, disciplinando a pito de quien sabe quién, su cuerpo y mente… ¿necesitamos que alguien nos defienda? Y yo me pregunto ¿de quién?, ¿necesitamos en qué creer? yo digo no, por que creemos en nuestra comunidad, entonces yo digo a expulsar estas ideas bizarras de nuestras mentes para que así ningún charlatán nos venga a leer la suerte.
- yo no coincido con usted, yo creo que nuestro pueblo debe modernizarse, no puede seguir envejeciendo y nosotros con él. Y es que los poetas lo han dicho de una forma maravillosa, cuentan que en las ciudades modernas existen enormes selvas, que son grandes las venas que la atraviesan y que las personas se agolpan siendo parte de ella, y por la convicción de que la modernidad es lo mejor. Los poetas hablan de un monstruo que dejó de serlo, que todo lo ve, que castiga las maldades y que protege la infancia, hablan de una cortina de negros hilos que cubren lo que los poetas llaman calles y en donde existen casas, en donde la gente después de unas horas de algo tan increíble a lo que llaman producción, descansan todo lo que les queda de día frente a la caja mágica. Televisor creo que se llama. Compañeros ¿no creen que seria perfecto un cambio de rutina?
- ¿Usted considera una rutina compañero nuestro que hacer diario? ¡yo le digo vida! Por que compañeros, compañeras yo les pregunto a ustedes ¿cuándo alguien ha sido restringido de su plena libertad? yo no estoy dispuesta a entregar mi creencia en mi y en ustedes para entregársela a los poetas por lo lindo que hablan, y ¿de qué selva hablan? yo solo veo paredes que restringen nuestros paso libre. Venas, venas son en las cuales corre la sangre libre y no a golpes unas con otras. Hay algo monstruoso que elije lo que es correcto y lo que no es ¿y es que somos niñas para que alguien lo decida por nosotras?, ¿quién es ese monstruo que ningún poeta describe de forma clara? Hermanos, hermanas lo único que creo es que debemos seguir en la libertad que sólo nos da la tierra, y la autonomía que nos dan nuestras ideas.
Y así se deliberó por hora, escuchándose posturas de lo más diferentes. Ni cataclismos ni relámpagos, solo el dormitar, el trabajo o los juegos paraban esta encrucijada que daba honor al pueblo. Los poetas todas las noches se paraban en la colina con la sombra marina de las lunas y aullaban sobre el porvenir, el progreso. Sus cantos ensordecían a la gente, las amapolas de bronce dejaban su peculiar postura cadavérica y daban paso a las cadenas de fuego de sus hermanas azares. Hasta que llegó un momento tenso en la noche de espárragos, llegó la división. Los más “hombres” y las más “mujeres” abandonaron el pueblo gritando ¡¡viva el progreso!! .
Los poetas seguían todos los días, todas las noches, aullando la libertad de ser ciudadano. De lo práctico de los contratos y la maldad del amor entre hombres, entre mujeres, entre personas. Cuando al tercer mes, los y las que abandonaron el pueblo reclamaron los derechos de aguas bloqueando el paso a la vida, marchitando el pueblo. El mar dejó de cantar en señal de protesta, los árboles fueron tomados por las aves las cuales se negaban a volar, las carreteras se llenaban de animales y personas que exigían respeto y dignidad hacia el pueblo de la inamibilidad, pero el monstruo, entonces, sacó las garras, levantó su caótico rostro y grito ¡¡SILENCIO!! Y todo fue silencio. Los que alguna vez se fueron indignados del pueblo hoy solo conocen el miedo, el trabajo y desconocen de su propio conocimiento que alguna vez desarrollaron. Todo fue silencio y se convirtió en mito. El pueblo hoy guarda el secreto de quienes alguna vez lo habitaron, el valle solamente llora tierra y miseria pues la tierra sigue meciéndose esperando una respuesta

