sábado 3 de mayo de 2008

en la volá libertaria...


El mundo se abarrota así mismo, bajo nacionalismos que izquierda y derecha, comunistas y fascistas producen y reproducen para darle fuerzas al Estado-capital que divide al mundo en los que trabajan y en los que no, en los que disfrutan y en los que no, en los que privan y en los privados, en presididos y presidarios, en dirigentes, dirigidos, generales y degenerados. Tal como viene cantándolo el viejo Cabral desde hace años. Además sin nunca olvidar a la bien ponderada propiedad de algunos, la privación máxima de lo que es de todxs.

Mientras, todo camina con los cordones de ambos zapatos amarrados en un solo nudo, tropezarnos parece lo más lógico. Lo inevitable. Sobre todo cuando empieza la telenovela, cuando vamos a comprar algo, cuando vamos a la choperia, a la playa, al mercado, a la escuela, a la universidad, a casa, a otras casas, a la calle, a ningún lado.

Así cuando lo humano no es más que un escombro, cuando la esperanza parece muerta y ya mercantilizada junto con las letras, las canciones, el amor, el odio, los valores, el trabajo, todo lo que fuera y es anudado con carnes, pelo y huesos, con sentimientos y pensamientos, manteniéndonos aprisionados en una trampa. Es entonces que por ser humanos, humanas, volvemos a levantarnos de las ruinas del mundo y hacemos lo que sabemos, poesía, vida, protesta, algo más que esperar o dar el último intento por zafarnos de las amarras del egoísmo, la indiferencia, la ignorancia.

Libertarnos es lo inevitable, pues de libertad nos alimentamos, y por ello nos seducen diciendo que del alcohol la obtendremos, del comprar, del jalar, del mentir, del formar iglesias o partidos políticos, del votar para que otros, unos pocos, disfruten el fruto del trabajo de todxs. De creer en las noticias, de fumar en las esquinas, de fumarnos el tiempo con su oro y todo para adentro no más. Pero no.

Somos escombro humano, pero seguimos siendo la savia negra que con la tierra se hace barro, barrio, cuadra, pueblo, feria, fiesta, baile, calle, canto, llanto y alegría. Sabemos que lo bueno se conquista, Anarquista. Ni democracias, ni gobiernos, ni el capital con sus mil ismos nos harán polvo. Somos escombro humano, en eso nos han convertido y en eso nos hemos dejado convertir pero no tenemos miedo de serlo y tampoco del mundo en ruinas que nos han heredado los políticos, empresarios, militares, policías, ladrones todxs, pues podremos volver a levantarnos y con ello también todo lo que los que hoy gobiernan tanto al ala derecha como izquierda del poder han destruido, pues llevamos un mundo nuevo en los corazones y estos seguirán escupiendo oscuridad por nuestra venas, siempre que nos mantengamos orgullosos del hambre y la pobreza, madres de algo más valedero que la verdad, la resistencia.

De la resistencia convivimos en un dominio propio, extraño para los deseosos, sostenedores y vividores del poder. Para ello nuestras despedidas, de nosotras y nosotros es lo que viene, el sembrar desde los escombros de lo humano una vida nueva, justa, moral, digna y libertaria.