La lucha es en el cotidiano contra la opresión diaria, la locura de repetir lo mismo día a día sin que parezca que haces lo mismo una y otra vez. Como ir al trabajo por ejemplo, trabajos pagados como limpiar baños de murallas rayadas con ideas vagas e insultos varios, o trabajos en que tu debes de pagar como ir a estudiar a la universidad, a hacerte un trabajador o trabajadora de algo que te impida sobretodo continuar una vida limpiando baños. Eso es lo que se busca en el fondo, ascender en la escala social, no hacer lo que otro de todas formas hará, pero mientras ese otro u otra no seas tú, pues la cosa marchará mejor. Para ti, claro.
De todas formas el trabajo que sea, en ésta sociedad donde prima la competición y el egoísmo como motores de la misma, pero en un supuesto pues se siguen colando las buenas intenciones, ¿desde dónde y porqué? Vaya a saber uno. El caso es que sea el trabajo que sea, limpiando baños o limpiando oficinas o limpiando tu cabeza para descubrir nuevas variables cuantificables desde lo social, pues el asunto sigue siendo algo que opaca nuestras relaciones sociales, en mitos y mentiritas, tal como el ascenso social y esas cosas, o de las otras cosas del Estado proletario y el proletario mismo por ejemplo.
Me van a colgar de las pelotas por decir estas cosas, seguramente. Y fíjense quienes lo harán. Los estudiantes universitarios. Sí, estudiantes como tal, y en qué se diferencian al parecer en el resto de mortales. En supuestos. No es que supuestamente unos sean así y otras asa, sino que se basan en supuestos para ser así o asa. Supuestos que pueden, o ser mentiritas heredadas del trabajo de sus madres o padres o de sus propias horas de laboro, o bien supuestos que pueden ser la sombra de argumentos que aun no encuentran y que en realidad se fundan en esas buenas intenciones que se siguen colando, vaya a saber uno porqué, en las relaciones actuales de egoísmo y competición.
Ojala pueda verse el parche antes de la herida. Y más allá de los supuestos, más allá de las sombras contra el muro de la prisión cruda y transparente del día a día. Porque la lucha es en el cotidiano, como cuando vas camino a casa, como camino al trabajo, como queriendo caminar hacia otro lado. Ir, yendo hacia otro parte, un espacio y tiempo aparte. Un mundo que no sea el que es cuando abres los ojos y sales de la cama o al salir debajo del chorro de agua de la ducha helada de una mañana helada, o de la micro ruidosa que por calles ruidosas lleva gente ruidosa, o de una sala de clases sobretodo vacía aunque esté con todos y todas los responsables futuros del ir y venir del país, dentro de la ídem. Ídem a todo eso te sientes, y eso es sentirse vivo dicen los optimistas.
Letras, letras y palabras, aburren como un texto (que entrecomillas puede ser este mismo), que no dice mucho pero que tampoco le interesa parecerlo e incluso serlo. Letras que hay que pagar para mantener a la deriva una carrera universitaria, que sale cara y eso que es de universidad pública, ¿te imaginas si fuera privada?, aunque en el fondo igual te privan de eso que en realidad es la educación. No hablo de su ridícula confusión, más bien de eso que no se paga pues se consigue con palabras, no con letras pagadas, más bien pegadas en sinceras relaciones humanas de apoyo y solidaridad. Por eso mismo la lucha es cotidiana, y a la vez no es liviana, sino una carga pero que no pesa como ir al trabajo o devuelta a casa, sino como un sueño que se carga gustoso de que se caiga y esparza sobre la tierra, nutriendo nuestros viajes a la deriva, pero bien acompañadas y acompañados de otras hermanas y hermanos de los invisibles senderos libertarios.
La lucha es en el cotidiano, y no digo que las y los universitarios sean los mejor preparados, pero como uno esta envuelto tras ese manto de espanto que es someterse a elegir una carrera, como un camino, además de pasadita negando el ser funcional al sistema… ¿suena un poco contradictorio, no? Pues sí, pero ahí es donde estamos envueltos algunas y desde ahí es donde disparamos nuestras plumas fusiles agujereando la realidad.
De supuestos, hoy viven y vivimos casi todas. Es cierto, y también incierto el transito a la deriva, que debemos aprender a sobrellevar cual carga unos bueyes cargan sin pensar en todo ello. Algunas pensamos en todo ello, y se nos retuercen las tripas. Palabras y palabras y letras, aburren como un pensamiento (que entrecomillas puede ser este mismo) que no dice mucho pero que tampoco le interesa parecerlo e incluso serlo. Palabras que hay que pagar para mantener a la deriva alguno de los senderos necesarios para libertarnos de una mala vida, ¿te imaginas sino fuera mala? lo sé, es difícil imaginarlo sin pensar en el bienestar que nos proponen todos ellos con sus autos, sus gobiernos y sus armas, ¿no te gustaría acaso probar un poco de aquel fruto, así como para ir conociendo mejor al enemigo? ya sabemos, en el fondo por habernos privado de eso que en realidad es la educación, y no hablo de su ridícula confusión más bien de eso que no se compra pues se consigue con palabras afirmadas en sinceras relaciones humanas de apoyo y solidaridad. Pues nos han vuelto casi como ellos, no más que por acá abajo no tenemos ni autos ni gobiernos ni armas. Algunos las quieren, otras no.
Por eso mismo la lucha es cotidiana, decimos los opositores a todos ellos, a ser como ellos y a tener lo que ellos hoy tienen, por eso también sabemos que tampoco es liviana, más bien esta es una carga que no pesa como ir al trabajo o devuelta a casa, sino como un sueño que se carga gustoso de que se caiga y se escurra sobre la tierra, nutriendo nuestros viajes bien acompañadas y acompañados de otras libertarias y libertarios, por el tránsito a la deriva de los invisibles senderos humanos.
De todas formas el trabajo que sea, en ésta sociedad donde prima la competición y el egoísmo como motores de la misma, pero en un supuesto pues se siguen colando las buenas intenciones, ¿desde dónde y porqué? Vaya a saber uno. El caso es que sea el trabajo que sea, limpiando baños o limpiando oficinas o limpiando tu cabeza para descubrir nuevas variables cuantificables desde lo social, pues el asunto sigue siendo algo que opaca nuestras relaciones sociales, en mitos y mentiritas, tal como el ascenso social y esas cosas, o de las otras cosas del Estado proletario y el proletario mismo por ejemplo.
Me van a colgar de las pelotas por decir estas cosas, seguramente. Y fíjense quienes lo harán. Los estudiantes universitarios. Sí, estudiantes como tal, y en qué se diferencian al parecer en el resto de mortales. En supuestos. No es que supuestamente unos sean así y otras asa, sino que se basan en supuestos para ser así o asa. Supuestos que pueden, o ser mentiritas heredadas del trabajo de sus madres o padres o de sus propias horas de laboro, o bien supuestos que pueden ser la sombra de argumentos que aun no encuentran y que en realidad se fundan en esas buenas intenciones que se siguen colando, vaya a saber uno porqué, en las relaciones actuales de egoísmo y competición.
Ojala pueda verse el parche antes de la herida. Y más allá de los supuestos, más allá de las sombras contra el muro de la prisión cruda y transparente del día a día. Porque la lucha es en el cotidiano, como cuando vas camino a casa, como camino al trabajo, como queriendo caminar hacia otro lado. Ir, yendo hacia otro parte, un espacio y tiempo aparte. Un mundo que no sea el que es cuando abres los ojos y sales de la cama o al salir debajo del chorro de agua de la ducha helada de una mañana helada, o de la micro ruidosa que por calles ruidosas lleva gente ruidosa, o de una sala de clases sobretodo vacía aunque esté con todos y todas los responsables futuros del ir y venir del país, dentro de la ídem. Ídem a todo eso te sientes, y eso es sentirse vivo dicen los optimistas.
Letras, letras y palabras, aburren como un texto (que entrecomillas puede ser este mismo), que no dice mucho pero que tampoco le interesa parecerlo e incluso serlo. Letras que hay que pagar para mantener a la deriva una carrera universitaria, que sale cara y eso que es de universidad pública, ¿te imaginas si fuera privada?, aunque en el fondo igual te privan de eso que en realidad es la educación. No hablo de su ridícula confusión, más bien de eso que no se paga pues se consigue con palabras, no con letras pagadas, más bien pegadas en sinceras relaciones humanas de apoyo y solidaridad. Por eso mismo la lucha es cotidiana, y a la vez no es liviana, sino una carga pero que no pesa como ir al trabajo o devuelta a casa, sino como un sueño que se carga gustoso de que se caiga y esparza sobre la tierra, nutriendo nuestros viajes a la deriva, pero bien acompañadas y acompañados de otras hermanas y hermanos de los invisibles senderos libertarios.
La lucha es en el cotidiano, y no digo que las y los universitarios sean los mejor preparados, pero como uno esta envuelto tras ese manto de espanto que es someterse a elegir una carrera, como un camino, además de pasadita negando el ser funcional al sistema… ¿suena un poco contradictorio, no? Pues sí, pero ahí es donde estamos envueltos algunas y desde ahí es donde disparamos nuestras plumas fusiles agujereando la realidad.
De supuestos, hoy viven y vivimos casi todas. Es cierto, y también incierto el transito a la deriva, que debemos aprender a sobrellevar cual carga unos bueyes cargan sin pensar en todo ello. Algunas pensamos en todo ello, y se nos retuercen las tripas. Palabras y palabras y letras, aburren como un pensamiento (que entrecomillas puede ser este mismo) que no dice mucho pero que tampoco le interesa parecerlo e incluso serlo. Palabras que hay que pagar para mantener a la deriva alguno de los senderos necesarios para libertarnos de una mala vida, ¿te imaginas sino fuera mala? lo sé, es difícil imaginarlo sin pensar en el bienestar que nos proponen todos ellos con sus autos, sus gobiernos y sus armas, ¿no te gustaría acaso probar un poco de aquel fruto, así como para ir conociendo mejor al enemigo? ya sabemos, en el fondo por habernos privado de eso que en realidad es la educación, y no hablo de su ridícula confusión más bien de eso que no se compra pues se consigue con palabras afirmadas en sinceras relaciones humanas de apoyo y solidaridad. Pues nos han vuelto casi como ellos, no más que por acá abajo no tenemos ni autos ni gobiernos ni armas. Algunos las quieren, otras no.
Por eso mismo la lucha es cotidiana, decimos los opositores a todos ellos, a ser como ellos y a tener lo que ellos hoy tienen, por eso también sabemos que tampoco es liviana, más bien esta es una carga que no pesa como ir al trabajo o devuelta a casa, sino como un sueño que se carga gustoso de que se caiga y se escurra sobre la tierra, nutriendo nuestros viajes bien acompañadas y acompañados de otras libertarias y libertarios, por el tránsito a la deriva de los invisibles senderos humanos.
0 comentarios:
Publicar un comentario en la entrada