sábado 1 de noviembre de 2008

LA FIESTA DE LA DEMOCRACIA


La clase política esta de fiesta, todos son ganadores, sumando un poco de aquí y restando otro tanto de allá el resultado es de sonrisas y celebraciones, luego de un domingo agitado, de calles y comercio cerrados, la fiesta de la democracia ha terminado, con algunos cambios (nada relevantes). Ya se cumplió con el deber cívico de votar y por ende se debe comenzar a producir, todos y todas debemos hacerle el sueldo a los alcaldes en escabeches o a los flamantes alcaldes primera vez electo o bien ha los estéticos cuerpos de concejales.

La clase política esperaba en sus hogares, el resultado de los comicios junto al calor del asado familiar, comiéndose un ternerito o una corvina arrancada de la mar especialmente para la ocasión. Mientras el común y silvestre de los seres humanos retrocedían ha mediados del siglo pasado, los mayores con cuello y corbata asistían tempranito a la urna antes del tecito con pan frío, recordando los tiempos mozos en donde por lo menos veían a los candidatos dando eufóricos discursos en calurosos debates sobre el desarrollo o el bienestar social. Luego del medio día aparecen los primeros tímidos votantes aquellos que por cinco mil pesos o un poco de mercadería se sienten comprometidos con tal o cual candidato, atrás de ellos una masa de caras largas, pesadas ojeras y ceños fruncidos llega a los locales de votación haciendo primero la cola para saber en que mesa le toca y luego la interminable fila para emitir aquel castigador sufragio, durante la tediosa espera se hace de aquellas pasajeras amistades de fila, el temario va encabezado por la anécdota de cómo llego a cometer tan terrible error de haberse inscrito para tan entupido teatro, segundo punto la infaltable apuesta a quien va a ganar las elecciones la prueba irrefutable la cantidad de afiches, banderas, mujeres a medio vestir, caravanas de vehiculo o novedad presentada por los candidatos. Lo tercero una larga mirada silenciosa mientras se intenta recordar lo prometido por cada postulante después de un largo rato sin poder recordar ningún compromiso real, las ya cansadas miradas deciden cambiar de tema. Luego de unas cuantas horas, llegan a la puerta de la sala, la emoción los embarga, por fin podrán hacer el tramite engorroso del voto, ambos con anterioridad prometieron votar nulo para castigar a los mediocres políticos, se saluda a los forzados vocales, se le entrega los votos, un lápiz, su firma por aquí por allá, un sello, doble así esto, no haga aquello, luego de las confusas instrucciones entra a esa fúnebre aposento, solo con el lápiz y el voto. El primero de los votantes recuerda lo que el amigo del cuñado menciono en el almuerzo donde su primo: “votar por la derecha es privatizar el país” (como saber que la concertá ya lo venido y ha precio de huevo), el miedo lo embarga y marca su voto por el candidato adecuado. Luego dobla el voto, hace la señal de cumplimiento con su nuevo amigo, mientras el otro entra en la urna; este agobiado por los medios de comunicación de la derecha, recuerda la seguridad que daban los milicos y los errores del gobierno, en forma de castigo marca la rayita en el candidato adecuado. Sale de la urna su amigo ya no esta. Solo queda un engorroso tramite más, marcar el dedito con la tinta que lo transforma en un demócrata de pecho y lomo, al salir la camarita amiga con la típicas preguntas eleccionarias, el hombre responde según lo aprendido en las largas horas frente al televisor; “hay que cumplir con la democracia que arto nos costo recuperar”. El hombre se retira tiene que sufrir las largas cuadras de procesión para poder embarcarse en alguno de los escasos vehículos que transitan por la congestionada ciudad, baja en el centro para comprar algo para el almuerzo, se le olvida que por disposición de la añeja ley de votación popular y escrutinio los habitantes del territorio deben estar recluidos en su casas mientras se realiza la fiesta de los políticos.

Luego de unas cuantas horas aparece aquel físico matemático, que luego de treinta años sigue repitiendo los mismos trabalenguas, muchos números, porcentajes y conceptos y nada de información descodificada a nuestra lengua. Luego los llantos, los abrazos y los reconocimientos de los distintos candidatos, ellos han vuelto a ganar se han legitimado por la fuerza de la ley y el engaño de las promesas por cuatro años más, no importa quien es alcalde o no todos ganaron, menos todos y todas que se deben levantar temprano al trabajo o ha los estudios, a seguir tratando de sobrevivir, a seguir decepcionándose de la democracia tan alabada por los políticos en cócteles e inauguraciones inútiles y buscando cualquier artificio moderno para arrancar a la mediocre realidad en la que vivimos.