sábado 13 de diciembre de 2008

REVOLUCIÓN A PALOS O REVOLUCIONAR EL COTIDIANO


Se desprenden dos tendencias del accionar revolucionario, tendencias que no tan solo enmarcan en discurso sino que inevitablemente se transforman en consecuencias y es que ambas tendencias son caminos muy distantes, pero que por algún supuesto algo extraño pretenden llegar al mismo objetivo; ambas tendencias dialogan, pero no pueden definir un orden de prioridades. La revolución se marchita en los augurios contradictorios de un bando sobre el otro, rompiendo en el cotidiano lo que se busca con la idea.

La revolución armada la propuesta de la toma del poder, para que a través de un cambio en la autoridad reinante se cambiaria también la forma de producción, mi pregunta seria ¿Qué cambia? Es que la propuesta de revolución armada me suena a marxismo trasnochado. A ese marxismo que solo riega muerte y autoritarismo, el que suele creer en las vanguardias intelectuales que se hacen del poder y se transforman en autoridad, es ese el camino armado, el del mantenimiento de la autoridad. ¿De que sirve cambiar los medios de producción? si la producción es la explotación. La revolución armada es la revolución de las armas no de las personas, es una revolución interna dentro de una lógica de la diferenciación, del miedo y el egoísmo. Cuando se quiere un mundo mejor la pregunta lógica seria para ¿Quién? Para si mismo, para el resto o para todxs. Y de que sirve una revolución en donde se enfrentan dos ideas defendidas por personas que las desconocen y que lo único que saben es que deben sobrevivir a cualquier idea, modelo, sistema o estructura. Solo basta leer un pequeño libro de George Orwell para comprenderlo.

La segunda; la propaganda. ¿Proponer que? ¿Cómo y cuando? Me párese que la propaganda cae en la abstracción. Es que se propone otro mundo, el mundo libertario; sin sociedad, sin violencia, de amor libre, de respeto, sin relaciones de dominación. Pero yo me pregunto que tan internalizado están, no cuanto creemos. En otras palabras cuantos expresamos en acciones, es que la propuesta libertaria no se debe buscar en el futuro; ni alimentando a los buitres que la acusan de utópica.

Hacia donde apunta la propaganda cuando la idea libertaria se vacía en la rebeldía a lo esteriotipado, queremos ser diferente, por que lo que vemos nos daña. No queremos seguir modas, por que nos consumen. No queremos seguir depredando el espacio por que se agota. Pero somos incapaces de romper con el machismo, la homofobia, o la burla, ni siquiera el estrés. Entonces terminamos riéndonos y pasándola bien como aquel esteriotipo a los que señalamos ser rebeldes: ENAGENADOS.

Entonces la cotidianidad a mi parecer es el camino más apropiado, para hacer la revolución y que esta revolución sintetice en acciones el ideal libertario. Cada día más se abandona la idea: al no querer reflexionarla, al rechazar los espacios de conversación, simplemente al no “vivir los conceptos”, (y es que conceptos nos son solo abstracciones, tenemos que recordar que tienen base empírica). La cotidianidad es donde las publicaciones, recuperaciones, acciones directas llegan a concretarse verdaderamente. Cuando nuestra ira a la estructura y quien la personifiquen nos lleva a herir a las personas que nos acompañan, debemos estar concientes que es una expresión de la violencia que tanto odiamos.
No podemos seguir siendo tan ingenuos de que la revolución esta por llegar (como la democracia con la concertación). La verdad es que la revolución se esta extinguiendo como lo hace la especie humana al no poder adaptarse, al ocupar la estrategia incorrecta y por ende chocar con la muralla de la evolución. Nuestra evolución no depende, claro, de una cola o un tercer ojo depende de dejar de ser occidentales y con ello dejar el legado de humillaciones, burlas, discriminación y violencia. Podremos abandonar los vicios de occidente cuando podamos alcanzar un cotidiano donde la risa no dependa de la humillación, cuando en el cotidiano nuestra satisfacción no dependa de la burla; cuando nuestros complejos no se disfracen discriminación, cuando nuestros problemas no se solucionen violentando, simplemente cuando seamos capaces de identificar y respetar la libertad propia y la de las personas que nos rodean.

La revolución tiene a las armas y la propaganda como violentadoras de un sujeto ocupado por la producción capitalista y un tiempo que burocratiza su existencia. El dinero es la ley de occidente, construye e impone la forma en que nos relacionamos. Es en ese campo donde se impondría una revolución cual pueda cambiar en serio, las formas de relacionarse. La revolución cotidiana esta en la obscuridad de la noche, ahora mí última pregunta seria: ¿Cuándo veremos salir el sol?


1 comentarios:

emilio dijo...

hola, la idea del texto me parece interesante hasta que caes en eso de definir las vias de la revolucion, esas vias no creo que existan por que no se pueden separar en el cotidiano la lucha propagandistica de la armada. la lucha armada es tambien propaganda, asi como la propaganda es una forma de violentar la realidad impuesta. ambas cuetiones pueden conciliarse en el cotidiano. no creo que sean excluyentes. lo cierto es que la lucha armada puede distanciarse enormemente a lo que llamas la toma del poder, como tambien la propaganda del hecho de alienarnos ante una idea de promover algo que aun no existe, ni siquiera en nuestros corazones.
peligroso tambien es pretender definir que camino es peor y cual es menos peor. llamar a vivirnos mejor, y a luchar a toda hora contra el sistema y sus valores esta bien. pero revolucionar el cotidiano implica tambien alejarnos de discursos jipientos, pues subvertirnos en la lucha callejera o en jornadas de propagandason vias de una misma via, la de emanciparnos