
El terrorismo crece por América latina, los tiranos cambian de ropa no así la forma con ke expresan su odio en contra de nosotros y nosotras, los nadie de este planeta cargado de sangre muerta, fría, coagulada, con ese mal hedor de Estados bizarros, los cuales reproducen cada día en escuelas, liceos, universidades. Estado osado ke en pañales abre fuego en contra de la armonía milenaria con la tierra, la cual existe antes de ke el infante Estado construyera sus edificios legales, los cuales apuntando con sus armas obligan al Mapuche, al Aymará y a los ya muertos atacameños, Diaguitas, Yaganes, a obedecer su razón instrumental. Con cual las minorías obligan a los sumidos trabajadores, estudiantes, madres, padres e hijos a respetar sus añejas leyes las cuales solo dicen no, el valor de esta falsa democracia es la negación, jamás nunca la igualdad. El Estado de derecho es la autorización a que las armas monopolicas atraviesen el pecho del verdadero opositor a esta civilización barbarica, del dinero, de la salvaje competencia, del silencio cómplice.
El dinero con cual tienen al pobre trabajando al destajo y al patrón sentado en su silla de playa en algún lugar exótico del planeta, del cual se sienten dueños, ¿ké a cambiado? ¿De ké a servido la sangre derramada de mis abuelos y padres?, ¿Cuál fue la utilidad de tan bellas ideologías? Si vastó con ke los cobardes ke huyeron a recibir la limosna europea llegaran a $hile y América a ser lacayos de las armas de las cuales huyeron ¿Dónde quedaron los discursos de esa izquierda doctrinaria, de esa libertad, de esa igualdad de la ke decían estar convencidos? Seguramente llenan sus autos del año con la libertad del pobre, pagan los colegios privados de sus hijos con la igualdad del huacho que estudia en la basura pública, pero ahí están con sus sonrientes caras en las poblaciones a días de ser nuevamente reelectos por la fuerza de urnas cargadas de los mismos y añejos candidato ke llevan 3 o 4 periodos prometiendo lo mismo. Nada cambia a excepción de los precios, de los productos ke tiene el sudor de los más humildes, pero el precio y la ganancia de los más ricos, y seguimos comprando con sus tarjetas y dinero, el cual claro ellos ni siquiera conocen. Pues no lo necesitan.
El dinero no serviría de nada si es ke desde pequeño no fuéramos instruidos en la competencia, en la escuela con su notas, fuerza física y violencia que terminan amplificándo a lo largo de nuestras vidas la dualidad de la realidad ke demarca la verdad, sin darnos margen a nuestro propio razonamiento. Nuestro cerebro en vez de crecer en la escuela termina estropeándose, simplificándose al trabajo ya designado y del cual jamás, jamás, podremos salir. Insistimos con la competencia en tener lujos innecesarios, autos ke más incomodan ke lo ke ayudan, pero ahí están estacionados.
El silencio cómplice lo cubre todo, el ke obliga al consumo, a querer tener dinero y a gastar más del ke nos dejan producir, el ké hora tras hora nos muestra la competencia estúpida entre pobres y ricos, entre hombres y mujeres. Y el ke niega en todo momento la realidad indígena, social y política del país, con noticias sin contenido pero infladas de terror, miedo y falsa moral. Sí, me refiero a los medios de comunicación, los verdaderos sacerdotes del sistema los cuales con sus misas a las 21:00 horas no dicen lo bueno, lo malo y lo feo, los ke sin mayor ética (de la ke tanto hablan) son los cómplices y los ke con su hipnotismo mediático nos hacen cómplices de esta falsa realidad.